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miércoles, 9 de marzo de 2011

El dolor de una plegaria

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No, no se trata de una crítica sobre la oración, sino más bien una expresión de angustia ante el mundo actual. He visto diversos ejemplos de gente devota que tienen la capacidad de orar constantemente siguiendo el ejemplo de los antiguos quienes elevaban plegarias en sus noches, mañanas y tardes. Quisiera hacer lo mismo. Tener la capacidad de arrodillarme igual que lo hacían ellos y elevar un clamor a los cielos a favor de la humanidad. Viendo que otros así lo hacen, me pregunto la manera en que lo logran. Como pueden orar sin salir ilesos. Me refiero al dolor que causa una plegaria. Quise pedirle a Dios a favor de los niños, pero apenas podía articular un par de oraciones al ver el cuadro de los abusos que se cometen hoy contra ellos. De cómo padres y madres cometen atrocidades de maltrato, abusos, violencia, tortura y terminan contra sus propios pequeñuelos. Trataba de orar por los niños del mundo, pero me distraía la dolorosa escena de un niño siendo maltratado y obligado a ir a la calle a temprana edad a pedir y rogar dinero, el cual sus padres usarían para satisfacer sus vicios a las drogas. Haciendo un esfuerzo para volver a lo que en un principio me propuse, elevar una oración al cielo. Me causaba dolor recordar o pedir que se resuelva el escenario donde veo niños y jóvenes destruidos a causa de violaciones, maltrato y abusos. Como pedir felicidad para el mundo cuando hay tanta maldad social. Cuando hoy la verdad es torcida y se pervierte el derecho. Cuando los inocentes mueren a manos de gente despiadada y sin escrúpulos. Quise elevar una oración por las iglesias, pero me enfurecía el escenario de ver mercaderes sin amor alguno explotando la piedad y utilizándola como fuente de ganancia. En vez de servir de ejemplos, se encontraban contribuyendo al triste escenario social por medio de sus fachadas de bien pero por otro lado dejando abandonados a los hambrientos, sedientos y necesitados. Esto me causaba repulsión al intentar orar. De seguro a otros se les hace muy agradable elevar oraciones a los cielos pidiendo que Dios les brinde alguna clase de mundo ideal. Sin embargo, en medio de una oración profunda lo menos que encontré fue satisfacción, en cambio, sentí dolor. El dolor que produce ver el triste escenario y a la vez sentirse limitado e incapaz de poder cambiarlo. Quise elevar una oración por los gobiernos, pero agonizaba al ver el escenario de aquellos corruptos que oprimen al pueblo de forma inhumana. De cómo destruyen familias imponiendo toda clase de cargas pesadas. Tratando de superar el dolor que produce una oración, quise orar por aquellos que oran y vi que todavía hay gente que clama a Dios y son de su agrado, muy diferentes a aquellos que solo hacen reclamos y decretos egoístas de mundos ideales. Me detuve por un momento y pensé que si todavía queda gente que ora de forma sincera, quizás Dios oiga desde los cielos y traiga la paz sobre la tierra. Quizás, algún día, en vez de sentir asfixia al elevar una plegaria, pueda sentir tranquilidad al ver una oración contestada. Al final de lo que pudo ser una plegaria, la cual nunca terminó a causa de lágrimas y dolor, pude notar que todavía puede quedar esperanza. Sólo el día que el bien venza a la maldad podré ver mi oración contestada.

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